
La imagen de este post ilustra la cara de asombro, desesperación, perplejidad, impotencia y un montón de palabros más que se le quedó a una servidora en el último pleno municipal que se celebró aquí, donde trabajo.
Mi anterior jefe me decía cada vez que me levantaba un fin de semana o me colocaba un marrón eso de que "va en el sueldo". Lo he aceptado siempre, pero a medias. Mi sueldo no es tan amplio como para aguantar ciertas estupideces.
Un gabinete de prensa se dedica a contar las historias políticas que lleva a cabo un ayuntamiento, con más o menos atino, con mejor o peor calado mediático, y poco más. Así lo veo yo. Y en ese Ayuntamiento existe un equipo de Gobierno, el que te contrata -el que me contrató como personal de confianza eventual hace casi un año-, y una oposición.
Nunca me he tomado demasiado en serio la política, quizá por eso me decían con sorna y un eco de realidad que "nunca llegaría a nada". Pero creo que tampoco es necesario para contar historias que, en las ciudades pequeñas como ésta, son más sociales que políticas.
A lo que iba, que me pierdo. El pasado jueves, una servidora, técnica laboralmente y poco más, centró uno de los puntos del debate del pleno municipal. Uno de los partidos de la oposición presentó una moción y el resto de siglas políticas entraron al trapo.
Así las cosas, ahí estaba yo, tomando nota de las descalificaciones que unos, otros y los terceros soltaban sobre mí, mi profesionalidad, mi voto, mis cualidades y mi formación.
Me jodió especialmente una frase "es que la jefa de prensa no está a la altura de este ayuntamiento". Pues eso. Tendré ahora que pegar el estirón.
Tuve a mi jefe al quite, que habló maravillas de mí sean o no ciertas. Como no tengo turno de palabra... (Gracias)
Pues eso, que como no tengo turno de palabra en los plenos, me desahogo aquí. Mi jefe no me preguntó nunca a quien voto para contratarme. Tampoco me lo ha preguntado después. Soy licenciada en Periodismo, casi siempre escribo sin faltas de ortografía y NUNCA he hecho una nota de prensa para el PSOE, ni el de esta ciudad ni el de ninguna otra.
Atiendo a todo el mundo y soy educada porque mi madre se esforzó mucho y durante muchos años. Las puertas de mi despacho no están cerradas a nadie, entre otras cosas, porque no tengo puertas.
El día que quiera entrar en un debate político me incluiré en las listas de algún partido, tomaré posesión de un cargo y prometeré el puesto. Encontes, y ese día no creo que llegue, aceptaré sin cabreo las críticas de cualquiera. Pero hasta ese momento...
Los técnicos no somos, o no deberíamos ser, el centro de un debate político. Si nadie duda del técnico de urbanismo, del arquitecto o del coordinador de juventud, que me dejen tranquila.
Ya me he quedado mejor, mire usté. Aquella noche, me tomé una copa a la salud de cada uno de ellos -así terminé-. Acepto la disculpa en la puerta de un bar, aunque no me la termino de creer.